el veí del cinquè : bloc de Laure Gutiérrez : Sentmenat : Barceloneta :

bloc de laure gutiérrez, Sentmenat, Barceloneta (Barcelona)

Archivar paraLaure Gutiérrez

3. Taxistas de New York y el Metro

Ahora entiendo porqué cuando vas a Nueva York siempre hay alguien que te quiere dar un par de consejillos. Una semana antes fuimos a ver a José Luis a la calle Nicaragua porqué nos tenía que explicar cómo funcionaba el metro y dejarnos un mapa. Yo pensé que no iba a ser de mucha utilidad porqué para entender el mecanismo del metro tampoco hace falta ser geógrafo, pero una vez aterrizas agradeces todas las explicaciones.

El metro no cierra nunca, los andenes están muy mal cuidados pero siempre hay ambiente. Una vez pillas el tranquillo te mueves fácilmente, es tan sencillo como que solo sube y baja (Downtown, Uptown) y además hay un carril adicional en cada línea que se salta algunas paradas (el Express). Lo que más me llamó la atención fueron los carteles del “Si ves algo, di algo”, en los andenes, dentro del metro, en el ticket. Se trata de carteles anunciando el teléfono de la agencia antiterrorista (abajo podéis ver la publicidad). Por cierto que hay que desmentir el mito del “no cojas el metro a partir de las 9″, es una mentira, así de claro, lo puedes coger con toda la tranquilidad del mundo.

Y sobre los taxis que decir, que es una aventura, de las varias veces que cogimos el taxi, recuerdo especialmente dos, la del negro cabreado y la del chino que frenaba demasiado.  Es muy diferente a como funcionan aquí. En España, cuando te subes a un taxi, lo primero que piensas es “me va a llevar por el camino más largo y me va a sablear seguro!” pero allí no, allí van a por faena, el precio está muy bien especificado y además, hay una pantalla con el recorrido en GPS. La primera vez que subimos a uno, el taxista era un hombre negro cabreado con el mundo, con los coches, con todo. Y otro día nos tocó un chino que frenaba cada 50 metros, íbamos acojonados, tanto que de vez en cuando le preguntábamos si pasaba algo pero era un esfuerzo inútil.

Aun así y aunque pudieses acabar mareado, si vas a Nueva York tienes que coger un taxi amarillo y vivir la aventura.

Metro de New York

Metro de New York

Cartel "Si ves algo, Di algo"

Cartel "Si ves algo, di algo"

2. Metro Dinner & Sbarro moments…

Es un rollo muy norte americano. Asientos de cuero con forma de bancos, suelo a dos colores y azucarero de chorro. Típico de series juveniles. El Metro Dinner es donde desayunábamos casi cada día en Nueva York.

El sitio nos lo recomendó José Luis (Torrevejano), nos comentó que cerca del hotel donde estaríamos había un sitio regentado por el hermano secreto de Robert de Niro, donde te hinchabas a comer de buena mañana. Yo personalmente con lo que comía en el Metro Dinner tenía hasta para casi la cena.

Me pedía siempre un número 10, que era huevos, beicon, patatas, pimiento y tortilla, acompañado de un tazón de leche y otro de zumo de naranja.  David que es más sibarita siempre hacia alguna variación. Sibarita por decirlo así, porqué a todo le echaba ese condimento asqueroso inventado para vomitar, que es el Ketchup.

Además, había una cosa que me daba mucha rabia, casi cada día cuando estábamos acabando de desayunar y traían “the ticket” (la cuenta), se ponía a contar moneditas haciendo montoncitos encima de la mesa,  de cuarto de dólar, de centavos, de todo tipo de moneda y timbre habido y por haber de curso legal en Estados Unidos. Que yo al final siempre acababa metiendo la zarpa entre las monedas nervioso perdido. Total para nada porque nunca dejábamos el 10 % reglamentario de propina y nos debían poner a parir al salir seguro.  Es lo que tiene ser guiri, que no enteras y te quedas a gusto.

Durante el día siempre caía algún perrito caliente, o dos, o tres (que no eran baratos). Hasta a mi me dio por comprar ese trozo de pan raro, duro y saladísimo que venden en las mismas paraditas, y dos veces, porqué no me debí acordar como sabia la primera.

Y para acabar el día, siempre cenábamos en algún sitio de comida rápida, normalmente en el Sbarro, qué es una cadena italiana de comida rápida, y que dicho sea de paso, la comida la encontré muy buena. Y te trataban bien, porque aunque Estados Unidos sea el país donde el cliente es el rey, una vez que fuimos a un McDonald’s (por la cercanía) nos atendió una chica a la que, notoriamente, no le pagaban por ser simpática. Muy diferente de cuando fuimos a la ONU, donde encontramos a un personal muy educado y servicial.

Metro Dinner

Metro Dinner

David eligiendo desayuno

David eligiendo desayuno

Acabando en el dia en el Sbarro de Times Square.

Acabando en el día en el Sbarro de Times Square.

Escenas dignas de explicar…

Esta noche he sido testigo de una escena muy peculiar, digna de reflexionar durante aproximadamente veinte, o a lo sumo treinta segundos, todo depende de las ganas de perder el tiempo que tenga el lector.

He salido de Terrassa en tren y en una parada que sinceramente no recuerdo, se han subido tres personajes variopintos con un común denominador: los tres estaban fumando dentro del tren, cosa que odio, por la falta de educación. Pues bien, la primera escena es la siguiente, de repente el chico de coleta, que era “de la terra” ha dejado de fumar (imagino por la cara que ha puesto el resto del vagón) y ha intentado convencer sin éxito a los otros dos, uno de ellos, concretamente el que se ha auto-denominado “moro de oro” (lo era), no solo no ha dejado de fumar en el vagón, cosa que debería estar penada con cámara de gas, sino que además ha empezado a insultar a todo el que inevitablemente divisaba el escandaloso show.

Pero claro, si hubierais escuchado el discurso del chico “de la terra” entenderíais porqué el maleducado fumador no le ha hecho ni caso. Y me explico: ¿Sabéis los típicos cumbas con rastas “catalanets” que se pegan el discurso este de “sí.. perquè el respecte, i els valors, i bla bla bla”, resumiendo, una sarta de tonterías que suelen acabar siempre con la palabra “repressió”. Pues el chico le pegaba al magrebí una versión similar de ese rollo que no hubiera convencido ni a Joel Joan.

Bueno, pues de esta escena aun queda algo más gracioso, y es que en bajarse el “moro de oro”, los otros dos han empezado a divagar sobre la falta de educación del inmigrante mientras uno de ellos seguía fumando en el vagón.

Esto último me ha parecido toda una escena de película de Groucho Marx.

Y la reflexión es la siguiente: ¿Por qué la ley anti-tabaco no penará con la cámara de gas a los que fuman en el tren…?

fgc.jpg